Llega la crisis económica
Todos los indicadores económicos apuntan a que ha terminado la bonanza económica. Los titulares de la prensa de hoy mismo, después de conocer los datos del paro, coinciden en señalar que la campaña electoral y el futuro de zapatero estarán condicionados por el vaciado del bolsillo de los españoles, y con esto tenemos que vivir. Otra cosa es que los comportamientos de nuestra clase política y los habituales creadores de opinión nos hagan pensar como nuevos ricos y empiecen ya las voces de protesta con el acento puesto en que se acabaron los coches de gran consumo y, sobre todo, el gasto en ladrillo. Vamos, que ahora tenemos todos que estar tristes porque los constructores y promotores van a tener que apretarse el cinturón, así como los alcaldes que se han aprovechado de ello. Obviamente, de lo que nos tenemos que preocupar es de que se mantengan los puestos de trabajo y que el apoyo social a los necesitados aumente y se consolide. Dicho de otro modo, no hay que dejarse engañar por el mensaje catastrofista de algunos que, en el fondo, lo que están defendiendo son los intereses de la banca y los grandes empresarios, principalmente del ladrillo. Que sí, que se les ha acabado la bonanza a éstos… pues vale, ahora toca apretarse el cinturón con coherencia y gastar con raciocinio y calidad y olvidarse de ese complejo de nuevos ricos que la sociedad postindustrial inocula a sus ciudadanos para que gasten y gasten sin control y ganen y ganen los mismos de siempre. A lo mejor aquí está la clave de la campaña electoral.