Señor Obispo, déjeme en paz
Siempre he tenido una buena relación con el arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo, desde que llegó a Andalucía a principios de los 80. Ayer, cuando leí lo que decían los obispos sobre el tema electoral, inmediatamente pensé en él y me imaginé lo incómodo que estaría… hasta que descubrí que no había asistido a esa reunión, por una oportuna complicación de última hora. Y es que resulta tan extremadamente ilógico lo que hace la Curia, que me lleva a pensar que los católicos no se lo pueden creer y que, hoy más que nunca, hace falta una Iglesia comprometida con el pueblo al que sirve y no con los poderes conservadores que, a la busca de sus propios intereses, en modo alguno piensan en el bienestar de los ciudadanos. Resulta ciertamente penoso este espectáculo de degeneración del debate nacional, donde los que no debieran se aprovechan del recurso fácil de la intimidación religiosa. Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen… me imagino que habrá dicho Fray Carlos en sus oraciones de esta mañana.