Sorpresa en la óptica

Como usuario gafero que soy desde no sé cuándo, cada x tiempo voy a una óptica. Esta vez me decidí por una local, del pueblo donde vivo, convencido de que la cercanía hace el cariño hacia estos negocios, donde uno no sabe nunca a qué atenerse. De hecho, antes fui a una renombrada óptica y me enseñaron los precios de los cristales e inmediatamente me aplicaron, sin conocerme, un descuento del 40%. El viejo truco del 40% y, pese a todo, la gafa salía cara requetecara. De modo que me aventuré en el negocio local y me llevé la sorpresa de estar ante un profesional joven y muy preparado que me aplicó nuevos métodos a la hora de confirmar mi graduación e incluso equilibrar la montura con mediciones faciales, como puede verse en la foto. Decididamente, las nuevas tecnologías han vencido las barreras, excepto las culturales, que esas tardaremos tiempo en superar. Desde luego, como la óptica de mi pueblo, ninguna.

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