El doble rasero
Sábado, Enero 5th, 2008
La actualidad constante de la situación en Colombia y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), a las que falta la N de Narcotraficantes, está poniendo de manifiesto en los medios de comunicación españoles una falta de compromiso con la realidad o, al menos, una incoherencia importante. Hoy todos tenemos asumido que ETA es una banda terrorista que extorsiona y asesina y que no hay justificación alguna, de ningún tipo, para su comportamiento antidemocrático y fascista. Tal evidencia parece no corresponderse con el trato que le damos a las FARC, a la que ponemos al mismo nivel del gobierno de Uribe y, en ocasiones, tratamos como fuerzas de liberación. Salvando todas las distancias y respetando los pareceres de cada cual, es evidente que aquí, en España, los periodistas tenemos que hacer un esfuerzo por entender que allí, en Colombia, tienen su propia ETA y que los secuestrados en la selva con como Ortega Lara lo fue para nosotros y su libertador, la Guardia Civil, es el equivalente a las fuerzas armadas de aquel país. Clarificando así las cosas podremos avanzar. Para muestra un botón: texto de un reciente comunicado de las FARC. “Nos dirigimos a ustedes (…) con la finalidad de invitarlos a contribuir en la construcción de la paz (…) para Colombia mediante el reconocimiento del estatus de beligerancia a nuestra organización guerrillera”, “la aceptación de los planteamientos por parte de la comunidad internacional, será un gesto de dimensiones históricas para la paz mundial”. Demasiado parecido a los discursos de los nuevos gudaris fascistas.
La proximidad de las próximas Elecciones Autonómicas y Generales en Andalucía vuelve a poner de relieve la necesidad de clarificar el papel ideológico de los medios de comunicación, ya sean públicos o privados. Este papel, inherente a su propia existencia, está claramente condicionado, en todos los casos, por las dependencias económicas y políticas hacia los personajes y los grupos que defienden. Dicho de otro modo, los medios no apoyan ni sustentan ideas, sino las ideas de los personajes que los mantienen, de tal suerte que la discusión no es temática, sino, en el fondo, personal y, en todo caso, partidaria. Hay muchos casos recientes de medios que cambian su línea de pensamiento, sencillamente porque lo ha hecho el grupo de presión que lo sustenta.
Aún no hemos celebrado el Año Nuevo y ya se notan los movimientos y los posicionamientos de la clase política hacia el 9 de marzo. Es natural y no hay que extrañarse de ello, salvo que ya las cosas se hacen mucho más claramente que antes y los de arriba están dejando claro quién seguirá y quién se quedará, siempre en función de los resultados. Antes, se era más respetuoso con el tiempo. En la Junta de Andalucía, por ejemplo, ya hay comportamientos que nos ayudan a saber quién seguirá arriba y quién tendrá que buscarse algún refugio, ya sea por su posición en las listas o porque les han dicho ya que no muevan nada, que esperen acontecimientos limitándose exclusivamente a gestionar el día a día. Y eso tiene un costo.